El arte de la crueldad hacia los animales: las corridas de toro reflejadas en una obra

¿Quieren algún recuerdo tonto de mi vida? ¿Qué cosa tonta puedo rememorar? Si siento que no hay situaciones tontas que hayan pasado desde que tengo memoria… Bueno, puede que haya alguna situación. Se las contaré de forma breve.

Era una mañana de marzo, año 2019, aunque no me acuerdo el día exacto. Estaba en casa ordenando unas cositas y ultimando detalles. Mis viejos llegaban ese día de Chile, luego de estar varios meses en el país trasandino.

Había terminado de hacer todo para recibirlos y se me ocurrió abrir una gaseosa que había comprado un rato antes, pero cuando la abro me termina chorreando el piso y manchando  algunos muebles. Literalmente el gas expulso gran parte del líquido de la botella ensuciando cuanto lugar puedo alcanzar.

Había limpiado el piso un rato antes, no lo podía creer. Por lo visto al trasladarla en la bolsa de mandados, se había agitado demasiado y eso generó una presión. Evidentemente debo haber puesto una terrible cara de confusión y sufrimiento al darme cuenta que tenía que limpiar todo de nuevo.

Y bueno, la historia termina con mis viejos llegando a casa y yo limpiando todavía el enchastre que se formó en el suelo. Todo reluciente tenía el piso para recibirlos, estaba impecable, tantos preparativos previos para que luego se volviera a ensuciar todo con gaseosa antes de su llegada, y para colmo había quedado tan pegajoso que parecería que nunca hubiera limpiado en su ausencia.

Y a eso llamo yo un recuerdo tonto. Bueno, para mí lo es.

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