Un bondi para no quedar en el olvido
Dentro de la ciudad, el bondi, colectivo, micro o como quieran llamarlo, es típico de ver y utilizar en nuestra vida cotidiana. Algo que no puede ser pasado por alto.
Es un vehículo vidriado, con cuatro ruedas, dos o tres puertas, más de veinte asientos y espacio (si no está muy lleno de gente) para personas en silla de ruedas. Pueden ser muy largos o no tanto.
El bondi es ese medio de transporte en el que uno está arriba, viajando, por minutos u horas para ir al trabajo, a pasear, o como puede ser tu caso, rumbo a un establecimiento educativo para estudiar o enseñar.
¿Cuántas veces nos habremos quejado de que no respetaron las paradas o que no pudimos llegar a horario porque tardaba demasiado? ¿Cuántas veces uno padeció todo tipo de situaciones que prefiere olvidar para siempre?
O también está ese sufrimiento frecuente que debemos aguantar cuando no queda más alternativa que viajar apretado. ¿Saben las veces en las que se viaja como ganado durante las horas pico para llegar lo antes posible?
En fin, la cosa es que en la gran ciudad, ese es el medio de traslado, y estamos acostumbrados a cruzarnos con cientos de unidades distintas día a día. Tantas que por lo general, y a menos que tengamos un interés específico, las vemos sin prestar demasiada atención a sus características particulares (modelos, diseños, detalles de pintura), familiarizados con observar que viajan millones de personas (especialmente en días hábiles).
Pero… ¿Y si te digo que también puede tener otro significado, más allá de trasladarse o viajar como ganado? Pues sí, lo puede tener, especialmente en pequeñas poblaciones.
Imagínense un pueblito de casi 200 habitantes, ubicado en una zona rural rodeado por campos, donde el centro principal es una casona que hace un tiempo atrás (no tan lejano ¿o quizás sí?) era el edificio de la vieja estación de ferrocarril; el cual no pasa desde hace más de 45 años y cuyas vías ya ni se ven por el pasto completamente crecido.
Un sector pintoresco, en el que uno se puede encontrar edificios cuya imagen es capaz de hacernos volver al pasado, como si ese fuera el presente. Lugares que albergan una histórica panadería, una iglesia, almacenes de ramos generales y hasta una escuela que parece detenida en el tiempo. Es como volver a ese pasado que alguna vez fue habitual de ver, antes del cierre de muchos ramales de trenes.
Un paraje que si no fuera por el bondi, hubiera pasado a mejor vida, convirtiéndose en un pueblo fantasma; como sucedió con la mayoría de lugares que vivían gracias al paso del tren y que sufrieron el olvido debido al cierre de ramales durante las últimas décadas del siglo XX.
En rincones así, el colectivo es ese medio de transporte que, a pesar de que el camino este lleno de baches y zanjas, le asegura a una zona rural estar conectado con las grandes ciudades.
También es aquel que uno puede utilizar para ir a hacer trámites o al hospital para que te atiendan ante algún problema de salud. O incluso se utiliza para ir a un campo a recolectar frutas y verduras que luego se venderán en los mercados.
El micro es ese vehículo de gran porte que, con unas seis frecuencias de lunes a viernes, y solamente dos horarios los días sábado, domingo y feriados; le garantiza a la persona de campo una conexión diaria con el resto del mundo.
Es ese servicio público que permite a los chicos y chicas de zonas rurales cercanas, llegar a la escuelita del poblado; en la cual van a recibir la misma educación que un niño o niña que vive en las metrópolis urbanas.
A fin de cuentas, el colectivo está presente en el pueblo para no condenarlo al olvido, ni dejarlo estancado en el pasado. Y es el que te garantiza que, aunque un pueblo sea capaz de evocar otro tiempo, seguirá vigente siendo parte del mapa en el futuro.
(Historia basada en experiencias vividas en la realidad)
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