Entre libros y lectores: Un día en la feria del libro
Generalmente no soy una
persona que lee muchos libros, sino todo lo contrario, leo poco y nada. Sin
embargo, siempre he tenido ganas de ir a la conocida Feria Internacional del
libro, la cual se lleva a cabo en La Rural de Buenos Aires.
Para la edición de 2022, la
primera que se realizaba post aislamiento debido al Coronavirus, había ganado
una entrada en un sorteo que realizó un importante portal de noticias del país.
Lamentablemente no pude ir por una razón que ni siquiera recuerdo; es posible
que haya sido por flojera o enfermedad.
Mi segunda oportunidad fue
en 2023, un año que ya parecía ser como los de antes de la Pandemia. Esta vez cumpliría
mí propósito, ya que había comprado una entrada para tres días, pero para
usarlo solamente dos: el 11 y 12 de mayo. ¿Por qué? Porque me salía más barato
que adquirir dos para distintos días ($1800 contra $800+$1200).
Pero bueno, adentrándome
a mi visita el día 1 (del segundo día no les contaré) llegué al predio
alrededor de las 15:45 del jueves 11, más tarde de lo que pensaba debido a que
el colectivo tardó bastante en unir Once con Plaza Italia aunque no sé qué
pasó… Bueno la cosa es que arribé, me escanearon el QR e ingresé.
Al entrar, el primer
pabellón al que accedí fue al ocre. A primera vista, se veían los stands de
Santiago del Estero y Tucumán. Más adelante encontraría de otras provincias:
algunas con puesto propio (como Córdoba) y otras con uno en conjunto (como La
Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego); también se
encontraban de organismos como la Defensoría del Pueblo, el Congreso Nacional y
hasta uno del Club Huracán. En todos los pasillos había un montón de gente, se
notaba mucho color por todos lados.
Después fui avanzando
cual rebaño siguiendo al pastor y pasé por una especie de túnel lleno de
fotografías en el marco de los 40 años de democracia (con una o dos por año). Fui
encontrando de cuando asumió Raúl Alfonsín, de la Marcha pidiendo justicia por
el crimen de José Luis Cabezas, de Néstor Kirchner ordenando bajar los cuadros
de los dictadores, del baile de Macri, el tercer mundial ganado, y varios
etcéteras. Simplificando: 4 décadas resumidas en un solo túnel.
Salí de ese túnel y
llegué a un sector al aire libre, lleno de puestos de comida que, como era de
esperarse, tenían precios demasiado altos. Todo exageradamente caro. Una
gaseosa y una botella de agua (siempre de 500 ml) estaban como 800 pesos
(contra casi 300 que me cuesta una en un buffet de la facultad). Igual se
vendían, porque la gente de guita compraba. También estaban dos estudios de
radio móviles: una de Radio Mitre y otra de AM 750.
Posteriormente, a eso de
las 16:25, me encontraba dentro del otro sector gigante, donde estaban unidos
los pabellones azul, verde y amarillo. A mi alrededor, un montón de stands de
diferentes editoriales, como Santillana, de la que usé muchos de sus libros
cuando iba a primaria; Octubre, de los dueños de Página/12; Sudestada, AZ,
Aique, Grupo Planeta, Pengüin, EUDEBA (de la UBA) y la querida Panini (si, la
de los stickers del Mundial, pero me parece que no tenían).También estaban el
Banco Nación, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, una biblioteca del Gobierno
de la ciudad, los países de Chile, Perú e Italia y otras radios más: Futurock,
Provincia, AM 1110 y Con Vos; entre otros.
Siendo sincero, los libros
que más me llamaron la atención de este sector fueron los de las historietas
Asterix, de las cuáles tengo recuerdos ya que tuve una pequeña colección que
perdí en las mudanzas; un libro sobre ferrocarriles en Santa Cruz, que
compraría al día siguiente en el puesto de la REUN (Editoriales Universitarias)
y El Diario de Ana Frank, el cual tenía hasta una adaptación a lectura fácil
(me quedé con las ganas de comprarlo).
Entre libro y libro, stand
y stand, también fui notando la gente a mi alrededor. Por lo general eran de
clase social alta o media-alta (casi todos blancos), aunque también había
grupos de estudiantes de escuelas primaria y secundaria (encontrándose en ellos
personas de clases sociales más humildes) que seguramente entraron gratis. ¿Eso
nos dice algo? Y… Seguramente podríamos hacer varias lecturas, pero eso quedará
para otra ocasión.
Entre tanta caminata, se
hizo la noche. Eran alrededor de las 20:00, por lo que tenía que volverme para
casa; es decir, regresar al otro punto del predio de La Rural. Ya me sentía
cansado y con ganas de estar en casa, aunque antes de irme me compré un libro
sobre arqueología en Tierra del Fuego.
Luego de la compra, salí
por el mismo lugar por donde entre. Ya era de noche, mucha gente saliendo y las
luces blancas de las luminarias eran muy notorias. Me perdí en un momento de
camino a la parada, pero luego me orienté mejor. Ya arriba del colectivo, me di
cuenta que se acabó el día.
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