Un poco de mí
Imagina que uno quiere saber algo sobre una persona que es sumamente introvertida, cerrada a mostrarse ante una persona que no conoce, ni es alguien cercano a él. Sería muy difícil conseguir información al respecto, como si uno estuviese hablando de un trabajo de investigación de muchos días o semanas. Y por otro lado, para una persona introvertida como yo, no es fácil abrirse y contar un poco de su historia. ¿Por qué se da? Justamente por esa cuestión de confianza que no tiene uno con cualquiera.
El
escritor Alberto Laiseca dijo una vez que «es imposible que una autobiografía
sea sincera. Por lo menos, no del todo. O porque calla algunas cosas o porque
transforma otras».
Aún
así, trataré de contar un poco sobre mi y darle una idea al lector un poco
sobre lo que soy, mi historia de cómo llegué a ser lo que soy, más allá de que
no cuente todo.
Soy nacido en la ciudad de La Plata en 1999, siendo hijo de madre que fuera profesional de la salud y padre que trabajó en la construcción; y ambos luego se convirtieron en artesanos, ejerciendo la profesión durante un montón de años. De mi lugar de nacimiento, no conozco mucho porque no estuve mucho tiempo allí, porque fui criado en otros lugares. Por ejemplo en San Martín de los Andes, una ciudad de alta montaña de la Provincia del Neuquén. Vivía rodeado de zonas verdes, con arboles, ríos, lugares coloridos; ya sea por las flores de la primavera y el verano, las hojas que se caían en el otoño o el manto blanco que se daba durante el invierno.
También residí en la Capital Federal, un lugar completamente distinto ya que es más ruidoso y cuenta con mayor edificación. Y después tuve pasos fugaces en otros pueblos del país antes de volverme a Buenos Aires en 2016. Básicamente viví en varios lugares durante mis casi 24 años de vida, algo que no cualquiera puede hacer y eso fue gracias a la profesión de mis padres.
Si algo consumía y tuve interés desde chico era el tema de las noticias, de informar, de comunicar diversos temas de actualidad. De vez en cuando me compraban diarios regionales e incluso mi abuela me daba revistas. Además siempre quería mirar noticieros y era demasiado consumo, al punto tal que mis viejos siempre me establecían restricciones de consumo. ¿Y por qué se dio eso? Porque no era un contenido apto para menores. La cuestión de la comunicación, principalmente la parte periodística (sumado al tema de presentar las noticias en los medios de comunicación), era algo que lógicamente me gustaba y ese interés terminó afianzándose durante mi adolescencia.
Sin embargo, he tenido mis dudas respecto a dónde debería estudiar. No fue fácil, ya que tuve tres opciones donde analicé a cuál me convenía ir. De hecho, las dos principales fueron la Universidad Nacional de Córdoba y la de La Plata, con facultades de comunicación reconocidas a nivel nacional. Sin embargo, las cuestiones económicas me lo impidieron. Si, esas situaciones que cambian los objetivos en la vida. ¿A quién no le pasó de que el bolsillo fuese clave para realizar determinada cosa? A muchos seguramente, sino todos.
Finalmente me decidí por la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Era la opción más accesible para mi. Lo siento, pero no a todos les pasa de que el prestigio mundial del establecimiento sea la clave a la hora de decidir; pero eso no significa que uno no le tenga el respeto. Son dos cosas distintas.
Mi comienzo en el CBC, en 2020, no fue el esperado. La pandemia le modificó el panorama a todo el mundo y uno tenía que adaptarse al ambiente de virtualidad, la cual a veces no era buena debido a problemas de conexión. Aún así, en un año pude meter todas las materias.
Al año siguiente, entré a la Facultad de Ciencias Sociales, aunque el panorama fue igual que el año anterior. Virtualidad, vínculos que no eran los mismos que en presencialidad, problemas de conectividad, dificultades para prender a veces la cámara porque uno no quería mostrar su espacio personal (la casa). La vida común que seguramente viviste durante esos dos años de aislamiento social, emocional, psicológico... De encierro.
Pero bueno, ya estoy en mi segundo año de presencialidad. Mi optimismo por la carrera ahora es grande, aunque la cursada de a momentos sea estresante. Esa energía que no tenía antes, ahora la tengo. Cuando uno siente ese upbeat, las formas de mirar lo que se viene serán positivas (no siempre) y le permite ver un panorama optimista.
(autobiografía)
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