El camino al campo de mis amigos
Iba caminando al trabajo. Era una mañana fría de invierno y estaba amaneciendo. Vivía a 2 kilómetros de la granja, mí lugar de trabajo. No era tan lejos. Además tenía que pasar por una zona rural, sin ningina construcción. Solo un camino y campo a su alrededor. Un trayecto muy tranquilo, en el que siempre miraba a mí alrededor a los animales que daban las primeras caminatas del día.
La zona me hace recordar a las historias que me contaban de chico. De animalitos que eran tranquilos y que disfrutaban de la paz del campo.
Cada vez que hago el mismo camino, a la misma hora, me pregunto: ¿Que estarán pensando las vacas, las gallinas, los cerdos y los caballos que veo? ¿Serán conscientes de la vida hermosa que tienen? ¿Que hace que el campo sea mucho más relajante qu la ciudad? Son las mismas dudas que tengo desde hace más de cinco años, cuando entré a trabajar. Además, siempre termino llegando sano y salvo, sin lastimaduras, ni alguien persiguiéndome, como pasaba cuando vivía en la capital.
Cuando llego a la granja, justo cuando está mucho más arriba el sol, se me acercan mis amigos. Aquellos a las que siempre les dedico mí tiempo para criarlos. Serán animales, pero son mis amigos.
(Adaptación más amigable de El miedo constante del camino).
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